Sabor ahumado profundo, color granate y la paciencia del fuego lento definen esta base magistral. Es el alma de la carapulcra, el secreto que transforma ingredientes sencillos en un festín con historia. El primer paso para conquistar la mesa con puro sabor chinchano.

Tuesta el maní crudo en sartén seca por 5 minutos, moviendo seguido, hasta que huela profundo y tome color dorado parejo. Retíralo antes de que aparezcan puntos negros.
Muele el maní tostado hasta obtener una textura fina pero no aceitosa. Debe sentirse como arena húmeda, no como pasta de maní.
Convierte lo que encuentras en una experiencia que realmente puedes llevar a tu cocina.

Calienta el aceite vegetal con la manteca de cerdo. Agrega el ajo y cocina 1 minuto, solo hasta que perfume; luego incorpora la pasta de ají panca y la pasta de ají mirasol.
Fríe el ají por 10 minutos a fuego medio-bajo, moviendo con paciencia, hasta que el color pase a granate oscuro y la grasa empiece a separarse en los bordes. Ahí recién entra el fondo de carapulcra.
Agrega el caldo de cerdo, el maní molido, el comino, la pimienta negra, el clavo de olor, la canela, el chocolate bitter y la sal. Cocina por 8 minutos, hasta que la base quede espesa, brillante y con aroma tostado.