Una sopa criolla verde marcada por culantro y arroz. El caldo queda aromático y con cuerpo, con pollo tierno, papa y verduras en esa textura entre sopa y guiso que hace inconfundible al aguadito.

Convierte lo que encuentras en una experiencia que realmente puedes llevar a tu cocina.

Retira venas y pepas del ají amarillo y córtalo en trozos. Licúalo con el culantro, el ajo y una pequeña parte del agua hasta obtener una crema verde homogénea, sin hojas grandes ni trozos de ají.
Sazona las presas de pollo con una parte de la sal, la pimienta y el comino. Calienta el aceite en una olla grande y dóralas por 6 a 8 minutos, girándolas hasta que tengan color dorado en varias caras; retíralas aunque todavía estén crudas al centro.
En la misma olla, cocina la cebolla morada con otra parte de la sal por 5 a 6 minutos, hasta que esté suave y translúcida. Añade la crema verde y cocina 3 minutos más, moviendo, hasta que pierda el olor crudo y el fondo de la olla quede teñido de verde.
Devuelve el pollo a la olla, vierte el resto del agua y raspa el fondo para recuperar lo dorado. Cuando rompa hervor, baja a fuego medio y cocina por 12 minutos, con un hervor tranquilo, hasta que el caldo tome sabor y color verde uniforme.
Mientras el caldo hierve, corta la papa amarilla en cubos medianos, la zanahoria en cubos pequeños, el pimiento rojo en tiras cortas y ten el choclo desgranado. Agrega el arroz, la papa, la zanahoria y el choclo; cocina 10 minutos y luego incorpora la arveja y el pimiento. Cocina 6 a 8 minutos más, hasta que el arroz esté tierno sin reventarse, la papa ceda al pincharla y el pollo llegue a 74 °C en su parte más gruesa o ya no tenga zonas rosadas junto al hueso.
Incorpora el resto de la sal, mezcla y apaga el fuego. El punto correcto es caldoso pero con cuerpo: el líquido debe correr de la cuchara aunque el arroz ya lo haya espesado ligeramente. Sirve de inmediato, porque seguirá espesándose fuera del fuego. ¡Y listo! A la mesa mientras sigue bien caliente.