Masa arenosa que se deshace en la boca, abrazando un relleno profundo y acaramelado. Este alfajor lleva el alma del norte peruano, transformando el dulzor terroso de la algarrobina en un bocado elegante. Una tradición norteña que no puedes dejar de probar.

Bate la mantequilla sin sal con el azúcar en polvo por 2 minutos, hasta que se vea cremosa y más clara. Agrega las yemas y la esencia de vainilla; mezcla solo hasta integrar.
Cierne la harina de trigo, el almidón de maíz, la harina de algarrobo
Convierte lo que encuentras en una experiencia que realmente puedes llevar a tu cocina.

Forma un disco con la masa, cúbrelo y refrigera 15 minutos, solo hasta que esté firme para estirar sin rajarse. No la enfríes de más: queremos masa manejable, no una piedra dulce.
Estira la masa hasta un grosor parejo y corta 24 discos. Pásalos a una bandeja y hornea a 170 °C por 11 minutos, hasta que estén secos al tacto y apenas dorados en la base.
Deja enfriar las tapas por 10 minutos antes de moverlas mucho. Están listas cuando se sienten firmes, frágiles y se despegan sin doblarse.
Rellena cada par de tapas con manjar de algarrobina, presionando suave para que llegue al borde sin romper la galleta. Termina con azúcar en polvo por encima y sirve a temperatura ambiente.