Un alfajor peruano de masa quebradiza y manjar blanco generoso. La tapita de harina se hornea pálida, se deshace al morder y deja que el relleno cremoso mande. Un dulce clásico de lonche y visitas que sabe exactamente a lo que promete.

Convierte lo que encuentras en una experiencia que realmente puedes llevar a tu cocina.

Cierne la harina sin preparar, la maicena, tres cuartas partes del azúcar en polvo y la sal dentro de un bowl. Mezcla unos segundos para repartir todo de manera uniforme; la base debe verse fina, seca y sin grumos.
Agrega la mantequilla sin sal fría en cubos y frótala con los ingredientes secos usando las yemas de los dedos, hasta obtener una textura de arena húmeda. Luego presiona la mezcla contra el bowl hasta formar una masa compacta; no la amases. Envuelve con film y refrigera 15 minutos. Mientras descansa, precalienta el horno a 170 °C.
Estira la masa hasta unos 4 milímetros de grosor y corta 24 discos de tamaño parejo. Pásalos a la bandeja y vuelve a juntar los recortes presionando, sin amasarlos. Las tapitas deben sentirse firmes y fáciles de levantar; si la masa se ablanda demasiado, enfríala unos minutos antes de continuar.
Hornea las tapitas a 170 °C durante 12 a 15 minutos, hasta que la superficie se vea seca y pálida y apenas aparezca color en la base o los bordes. No esperes un dorado fuerte: eso endurece el alfajor. Retira la bandeja y deja enfriar las tapitas sobre una rejilla durante 10 minutos, hasta que estén firmes y completamente frías al tacto.
Reparte el manjar blanco sobre 12 tapitas, dejando el relleno ligeramente más grueso al centro. Cubre con las otras tapitas y presiona apenas, solo hasta que el manjar se acerque a los bordes sin quebrarlas. Termina cerniendo encima el resto del azúcar en polvo. ¡Y listo! Si la tapita se quiebra fino al morder y el manjar queda generoso en el centro, tienes el alfajor de harina que queríamos. 🧡