Alfajor de galletas friables con mezcla de harina de quinua, harina de trigo y maicena, que se quiebran rico sin volverse polvo. Va abrazado con manjar blanco y el borde se termina con coco para dar contraste. Tradición con toque andino: sencillo, directo y de mordida suave.

Convierte lo que encuentras en una experiencia que realmente puedes llevar a tu cocina.

Cierne la harina de quinua, la harina de trigo, el almidón de maíz, el polvo de hornear y la sal. Mezcla apenas para repartir todo; esa base seca debe quedar pareja antes de tocar la mantequilla.
Bate la mantequilla sin sal con el azúcar en polvo por 3 minutos, hasta que se vea más clara y cremosa. No buscamos volumen de torta, solo una grasa suave que abrace la masa.
Agrega las yemas de huevo y la esencia de vainilla. Bate por 40 segundos, solo hasta integrar. Si la mezcla se corta un poco, no entres en pánico: la harina la ordena.
Incorpora la mezcla seca en dos tandas y une con espátula hasta formar una masa suave, sin partes harinosas. Para cuando deje de verse seca; si la trabajas de más, el alfajor pierde ternura.
Aplana la masa en un bloque, cúbrela y refrigera por 20 minutos, hasta que esté firme pero todavía flexible. Debe poder estirarse sin pegarse como plastilina triste.
Estira la masa hasta dejarla de unos 5 mm de grosor y corta 24 tapas. Pásalas a una bandeja con papel manteca, dejando un poco de espacio entre ellas.
Hornea a 170 °C por 10 a 12 minutos, hasta que las tapas estén secas al tacto y apenas doradas por debajo. Déjalas enfriar 10 minutos antes de moverlas; calientes se rompen con solo mirarlas feo.
Rellena la mitad de las tapas con manjar blanco, cierra con las otras tapas y presiona apenas. Pasa los bordes por coco rallado hasta que queden cubiertos de forma pareja.