Alitas doradas y crujientes, bañadas al final en la clásica mezcla de salsa picante de cayena y mantequilla. El horno mantiene la receta práctica sin perder el carácter de unas buenas Buffalo wings: picantes, ácidas, brillantes y hechas para comer con las manos.

Precalienta el horno a 220 °C y coloca una rejilla para asar sobre una bandeja. Seca las alas de pollo a conciencia con papel absorbente, presionando por ambos lados hasta que la piel quede sin humedad visible. Lávate las manos y limpia cualquier superficie que haya tocado el pollo crudo.
Pon las alitas secas en un bowl y espolvorea el polvo de hornear y la sal de mesa. Mezcla muy bien hasta que todas tengan una película fina y uniforme; no deben verse empanizadas ni con montones de polvo. Ordénalas sobre la rejilla dejando espacio entre cada pieza.
Hornea las alitas durante 20 minutos, voltéalas con pinzas y continúa 20 a 25 minutos más, hasta que la piel esté
Convierte lo que encuentras en una experiencia que realmente puedes llevar a tu cocina.

Mientras terminan las alitas, derrite la mantequilla sin sal a fuego bajo. Retira la cacerola del fuego, agrega la salsa picante de cayena y bate durante 20 a 30 segundos, hasta obtener una salsa uniforme, roja y brillante. No hace falta hervirla.
Pasa las alitas recién salidas del horno a un bowl limpio, vierte encima la salsa búfalo y mezcla rápidamente con pinzas hasta cubrirlas. Sirve de inmediato: la salsa debe quedar adherida y brillante, mientras la piel todavía conserva bordes crujientes.