Un emblema del chifa peruano hecho para el fuego fuerte. El arroz queda suelto y ligeramente tostado, con pollo dorado, huevo tierno y ese fondo de sillao, kión y cebolla china que lo vuelve inconfundible.

Convierte lo que encuentras en una experiencia que realmente puedes llevar a tu cocina.

Bate los huevos hasta unir y calienta el wok a fuego medio-alto con una cuarta parte del aceite vegetal. Vierte el huevo y cocina 45 a 60 segundos, moviendo apenas, hasta que esté cuajado pero todavía tierno; rómpelo en trozos grandes, retíralo y reserva.
Corta la pechuga de pollo en cubos pequeños, sécala bien y sazónala con la sal. Sube el wok a fuego alto, agrega otra parte del aceite vegetal y extiende el pollo sin amontonarlo; saltéalo por 4 a 5 minutos, hasta que tenga bordes bien dorados y el centro completamente cocido, sin partes rosadas. Retira y reserva.
Con el wok todavía fuerte, agrega el resto del aceite vegetal y saltea la parte blanca de la cebolla china, el ajo y el kión durante 30 a 45 segundos, hasta que desprendan aroma sin quemarse. Incorpora el arroz blanco cocido bien frío y suelto; si tu wok es pequeño, hazlo en dos tandas para no perder temperatura. Saltea por 3 a 4 minutos, rompiendo cualquier grumo, hasta que los granos estén calientes, separados y visiblemente más secos.
Vierte la salsa de soya por el borde del wok y espolvorea la canela china. Saltea por 1 a 2 minutos, hasta que el arroz quede uniformemente sazonado, brillante pero seco y sin charcos de sillao; luego devuelve el pollo y el huevo reservados y mezcla solo hasta que vuelvan a estar bien calientes.
Apaga el fuego, añade la parte verde restante de la cebolla china y el aceite de ajonjolí, y da un último salteo de 20 a 30 segundos. Sirve enseguida: si los granos quedaron sueltos, el pollo dorado y la cebolla todavía fresca, salió como debe. ¡Y listo! A la mesa mientras todavía humea. 🔥