Granos de arroz perfectamente sueltos que abrazan la frescura del choclo tierno. Este acompañamiento es el cómplice ideal de nuestra mesa, aportando ese aroma a ajo sofrito que nos hace sentir en casa. Una guarnición honesta, brillante y llena de tradición. El compañero que todo plato peruano merece.

Lava el arroz en un colador hasta que el agua salga menos turbia y déjalo escurrir 5 minutos. Ten el choclo listo; si viene entero, desgránalo con cuidado para no aplastar los granos.
Calienta el aceite a fuego medio y sofríe el ajo molido por 30 a 40 segundos, solo hasta que huela sabroso. No lo dejes dorar oscuro; ajo quemado en arroz es crimen doméstico sin apelación.
Agrega el arroz escurrido y mueve por 1 minuto, hasta que los granos se vean brillantes. Incorpora el choclo y mezcla 30 segundos para que agarre el aroma del ajo.
Convierte lo que encuentras en una experiencia que realmente puedes llevar a tu cocina.

Añade el agua y la sal. Cuando rompa hervor, baja al mínimo, tapa y cocina 15 minutos, hasta que el líquido desaparezca de la superficie y el arroz se vea cocido sin estar movido.
Apaga el fuego y deja reposar tapado 8 minutos. Luego granea con suavidad desde los bordes hacia el centro y sirve caliente o tibio, con los granos sueltos y el choclo repartido como debe ser.