Un arroz de sartén que convierte el frío del día anterior en granos sueltos y tostados. Huevo suave, jamón dorado y verduras con mordida se cruzan con sillao y ajonjolí sin empapar el grano. Sale rápido, llena bien y tiene la peligrosa costumbre de desaparecer directo de la sartén.

Convierte lo que encuentras en una experiencia que realmente puedes llevar a tu cocina.

Saca el arroz blanco cocido bien frío del refrigerador y separa los grumos con las manos limpias, sin aplastar los granos. Corta la zanahoria y el jamón inglés en cubos pequeños, pica el ajo y separa la parte blanca de la verde de la cebolla china. Ten todo listo antes de prender fuerte la sartén: desde ahí el plato avanza rápido.
Calienta una parte del aceite vegetal en una sartén amplia a fuego medio-alto. Añade los huevos batidos y revuelve durante 45 a 60 segundos, hasta que estén apenas cuajados y todavía suaves; pásalos a un plato enseguida para que no se resequen.
Sube el fuego y agrega el resto del aceite vegetal. Saltea el jamón inglés, la zanahoria, las arvejas, el ajo y la parte blanca de la cebolla china por 2 a 3 minutos, hasta que el jamón tenga bordes dorados, el ajo huela tostado sin quemarse y la zanahoria conserve algo de mordida.
Incorpora el arroz frío y saltea a fuego alto por 4 a 5 minutos, rompiendo cualquier grumo con la espátula y dejando por momentos que el arroz toque la sartén sin moverlo. Si la sartén queda demasiado llena, trabaja en dos tandas y reúne todo al final. Cuando los granos estén sueltos, secos por fuera y humeantes hasta el centro, vierte la salsa de soya por el borde caliente, agrega la pimienta y mezcla rápido hasta que el color quede parejo.
Devuelve el huevo a la sartén, añade el aceite de ajonjolí y la parte verde de la cebolla china, y saltea apenas 30 segundos, solo hasta distribuirlos sin perder el aroma fresco. Sirve inmediatamente, mientras el arroz sigue caliente y suelto. ¡Y listo! Si encuentras granos separados, huevo tierno y pequeños bordes tostados entre cucharadas, mejor empieza a repartir antes de que alguien ataque la sartén.