La esencia de la infancia en un vaso: cremosidad absoluta, el aroma inconfundible de la vainilla y una textura tan densa que desafía al sorbete. Un clásico que no necesita presentaciones, solo el equilibrio perfecto entre helado de calidad y leche fresca. Directo, dulce y refrescante.

Ten la leche bien fría y el helado de vainilla apenas suavizado, no derretido. Si el helado está como sopa, el batido pierde cuerpo antes de empezar.
Pon en la licuadora el helado de vainilla, la leche, la esencia de vainilla y la sal. Licúa por 20 segundos, solo hasta que quede liso, denso y sin trozos grandes.
Sirve de inmediato. El batido debe caer lento, mantenerse frío y tener aroma claro de vainilla; si esperas demasiado, se vuelve leche dulce con complejo de postre.
Convierte lo que encuentras en una experiencia que realmente puedes llevar a tu cocina.
