Un pan dulce nacido en Chancay, de miga suave, ligeramente elástica y aroma inconfundible de anís y ajonjolí. Dulce sin empalagar y perfecto para desayuno o lonche, conserva ese carácter sencillo de panadería peruana que pide partir otro apenas terminas el primero.

Convierte lo que encuentras en una experiencia que realmente puedes llevar a tu cocina.

Mezcla en el bowl la harina panadera, el azúcar rubia, la levadura seca, el anís en grano y la sal. Agrega el agua tibia, las yemas y la esencia de Chancay; integra hasta formar una masa húmeda y sin harina seca. Debe sentirse pegajosa, pero ya sostenerse como una sola masa.
Amasa durante 5 minutos y luego incorpora la manteca poco a poco. Continúa amasando 6 a 8 minutos, ayudándote con la rasqueta en vez de añadir harina, hasta que la masa esté lisa, flexible y pueda estirarse varios centímetros antes de romperse. Forma una bola, cubre el bowl y deja levar 30 minutos, hasta que se vea claramente inflada y aumente alrededor de la mitad de su volumen.
Divide la masa en 8 porciones, bolea cada una hasta dejar la superficie lisa y aplástalas apenas para formar bizcochos redondos. Colócalos en la bandeja con papel manteca y reparte el ajonjolí encima, presionándolo muy suavemente para que se adhiera. Cubre y deja levar 35 minutos, hasta que estén visiblemente más ligeros y una presión suave con el dedo regrese lentamente. Durante este levado, precalienta el horno a 170 °C.
Hornea a 170 °C por 15 a 17 minutos, hasta que los bizcochos estén dorados suaves por encima, firmes en la base y todavía se sientan ligeros al levantarlos. Retíralos y déjalos 5 minutos sobre una rejilla antes de abrir uno. La miga debe quedar tierna, esponjosa y ligeramente elástica. ¡Y listo! Tibio, con café o solo: así se entiende por qué este pan lleva más de un siglo dando vueltas por las mesas peruanas. 😌