Bizcocho de vainilla y mantequilla, hecho con el método de cremado para una miga pareja y tierna. Sale húmedo, compacto —del bueno— y con aroma limpio a vainilla. Un clásico que funciona solo, o como base para rellenar sin que se rompa.

Precalienta el horno a 170 °C. Engrasa y forra la base de un molde redondo; la mantequilla debe estar suave, no derretida, para que pueda atrapar aire al cremar.
Tamiza la harina, el polvo de hornear y la sal. Déjalos listos aparte; así entran parejos y no tienes que castigar la masa mezclando de más.
Bate la mantequilla con el azúcar por 4 a 5 minutos, hasta que la mezcla esté
Convierte lo que encuentras en una experiencia que realmente puedes llevar a tu cocina.

Agrega los huevos uno por uno, batiendo 30 segundos después de cada adición. Incorpora la vainilla al final; la mezcla puede verse apenas cortada, pero debe seguir cremosa.
Añade los secos en tres tandas, alternando con la leche en dos tandas. Mezcla a velocidad baja solo hasta que la masa quede homogénea y satinada; si sigues batiendo, la miga se pone terca.
Pasa la masa al molde, nivela la superficie y hornea por 38 a 42 minutos, hasta que el centro esté elástico, dorado suave y un palillo salga con migas húmedas, no con masa cruda.
Deja reposar el bizcocho 10 minutos en el molde, desmolda y enfría sobre rejilla al menos 20 minutos antes de cortar. La miga debe asentarse para quedar tierna y limpia.