Un postre peruano de aprovechamiento que convierte el chancay en algo mucho más serio. Húmedo, suave y acaramelado, conserva pequeños trozos de pan entre pasas, vainilla y canela. Económico, casero y rendidor: de esos dulces que mejoran cuando llegan a la mesa.

Convierte lo que encuentras en una experiencia que realmente puedes llevar a tu cocina.

Precalienta el horno a 175 °C. Pon aproximadamente el 42 % del azúcar en una cacerola y derrítela a fuego medio-bajo, sin añadir agua, hasta obtener un caramelo ámbar dorado y fluido. Retíralo antes de que humee y viértelo inmediatamente en el molde, girándolo con cuidado para cubrir la base.
Trocea el pan chancay con las manos y colócalo en un bowl. Vierte encima la leche evaporada y deja reposar 10 minutos. Presiona suavemente una vez a mitad del tiempo, solo hasta que todo el pan esté bien húmedo y blando, conservando algunos trozos reconocibles.
Derrite la mantequilla a fuego bajo y déjala entibiar. En otro bowl mezcla los huevos con el resto del azúcar, la vainilla y la canela durante 1 minuto, solo hasta unir. Incorpora la mantequilla, el pan remojado y las pasas con una espátula. Mezcla suavemente: debe quedar una masa húmeda y uniforme, pero no licuada.
Vierte la mezcla en el molde acaramelado y colócalo dentro de una bandeja preparada para baño María. Hornea durante 45 a 50 minutos, hasta que los bordes estén firmes, el centro apenas tiemble y un cuchillo insertado salga húmedo pero sin mezcla líquida. No lo seques esperando un cuchillo completamente limpio.
Retira el molde del baño María y deja entibiar el budín durante 15 minutos. Despega suavemente el borde con un cuchillo y desmolda mientras aún esté tibio, para que el caramelo corra sobre la superficie. Debe quedar firme para cortar, pero húmedo y suave por dentro. ¡Y listo! Si el caramelo cae por los lados, ya sabes que valió la espera.