Un clásico arequipeño de masa fermentada, anís y miel oscura. Dorados y crocantes por fuera, quedan aireados y tiernos al centro antes de recibir la chancaca especiada; un dulce de Tingo y de tardes de paseo que vale la pena comer todavía tibio.

Convierte lo que encuentras en una experiencia que realmente puedes llevar a tu cocina.

Separa 300 ml del agua para la masa. Calienta aproximadamente la mitad hasta que hierva, agrega el anís en grano, apaga el fuego y deja infusionar 5 minutos, hasta que huela claramente anisado. Cuela y mezcla con el resto de esos 300 ml de agua para dejarla tibia, no caliente; disuelve allí la levadura seca y el azúcar y espera 5 a 8 minutos, hasta que aparezca una capa ligera de espuma.
Pon la harina y la sal en un bowl, vierte poco a poco la mezcla de levadura y bate enérgicamente con una cuchara por 4 a 5 minutos. No busques una masa para amasar sobre la mesa: debe quedar muy pegajosa, elástica y ligosa, capaz de estirarse sin cortarse de inmediato. Cubre con un paño y deja fermentar 60 a 70 minutos, hasta que aumente claramente de volumen y muestre burbujas en la superficie.
Mientras la masa fermenta, pon la chancaca, los 250 ml de agua restantes, la canela y el clavo de olor en una cacerola. Cocina a hervor suave por 12 a 15 minutos, hasta que la chancaca esté totalmente disuelta y la miel caiga de la cuchara en hilo continuo y ligeramente espeso, todavía fácil de verter. Cuela y mantenla tibia.
Calienta el aceite vegetal en una olla mediana a fuego medio. Está listo cuando una pizca de masa sube enseguida rodeada de burbujas vivas, pero no se oscurece de golpe. Con los dedos apenas untados con aceite frío, toma una porción de masa, estírala suavemente formando un aro con hueco al centro y deslízala cerca de la superficie del aceite. Fríe en tandas por 2 a 3 minutos, girando con la espumadera, hasta que los buñuelos estén inflados y dorados de manera uniforme. Retira y deja escurrir sobre papel absorbente; evita cualquier gota de agua cerca del aceite caliente.
Sirve los buñuelos todavía tibios y báñalos con la miel de chancaca justo antes de comer. El punto bueno se nota al partir uno: debe tener corteza fina y crocante, centro aireado y suave, y suficiente estructura para recibir la miel sin deshacerse. ¡Y listo! Así sí provoca una tarde en Tingo. 😌