Vibrante energía helada definida por una corona de espuma densa y el golpe aromático del café. Es el alma de las tardes griegas bajo el sol, una textura que empieza cremosa y termina refrescante. El cómplice perfecto para despertar tus sentidos con una preparación técnica, pero honesta y directa.

Pon el café instantáneo, el azúcar blanca y una pequeña parte del agua en una coctelera. Cierra bien antes de agitar; aquí no queremos café decorando la cocina.
Agita con fuerza por 20 a 30 segundos, hasta que la mezcla se vuelva espumosa, más clara y casi triplique su volumen. Esa corona es el corazón del frappé.
Reparte el hielo en vasos altos y vierte encima la espuma de café. Agrega el resto del agua fría poco a poco, dejando que la espuma suba y se acomode sin romperse.
Si lo quieres más redondo, añade la leche evaporada al final y mezcla apenas por 5 segundos. Sirve bien frío, con la espuma arriba y el café todavía marcado.
Convierte lo que encuentras en una experiencia que realmente puedes llevar a tu cocina.
