La frescura equilibrada de un café concentrado que se funde con la suavidad de la leche fría. Un juego de capas visuales y texturas que despierta los sentidos en los días de calor. Simple, directo y con ese golpe de energía que solo un buen café helado puede entregar.

Prepara el café espresso bien concentrado. Si vas a endulzar, mezcla el azúcar blanca mientras el café aún está caliente para que se disuelva por completo.
Deja que el café pierda vapor por 5 minutos antes de usarlo. No lo eches hirviendo sobre el hielo: eso solo fabrica café aguado con autoestima baja.
Mide la leche bien fría y ten el hielo listo. La bebida se arma rápido, así que aquí conviene tener todo a mano antes de servir.
Reparte el hielo en los vasos y vierte la leche encima. Luego agrega el café lentamente para formar capas suaves antes de mezclar.
Mezcla justo antes de tomar o deja las capas visibles si lo sirves al momento. Debe quedar muy frío, lácteo y con café presente, no como leche tímidamente perfumada.
Convierte lo que encuentras en una experiencia que realmente puedes llevar a tu cocina.
