Rodajas de camote doradas por fuera y suaves por dentro, con su dulzor natural concentrado por la fritura y apenas la sal necesaria para resaltarlo. Un acompañamiento criollo sencillo, inseparable del chicharrón y útil en cualquier mesa donde haga falta algo caliente, dulce y doradito.

Pela el camote y córtalo en rodajas de aproximadamente 5 a 7 mm de grosor. Sécalas muy bien con papel absorbente, especialmente por las caras cortadas; deben entrar al aceite sin agua visible para que doren parejo y salpiquen menos.
Calienta el aceite vegetal a fuego medio en una sartén. Fríe el camote en tandas, sin amontonarlo, durante 4 a 6 minutos en total, volteándolo una vez. Mantén una fritura moderada: las rodajas están listas cuando se ven dorado intenso en los bordes, ligeramente crujientes por fuera y un cuchillo entra al centro sin resistencia. Retíralas con espumadera y déjalas escurrir sobre papel absorbente.
Espolvorea la sal mientras el camote todavía está caliente y sirve inmediatamente. El punto correcto tiene bordes dorados con algo de crocante, pero un centro suave, húmedo y claramente dulce; si lo dejas esperando demasiado perderá justo el contraste por el que vale la pena freírlo.
Convierte lo que encuentras en una experiencia que realmente puedes llevar a tu cocina.
