Canelones al horno rellenos de espinaca y ricotta, con bechamel suave, salsa de tomate y gratinado de mozzarella y parmesano. El relleno queda cremoso pero firme, la pasta tierna y la superficie dorada. Un plato familiar, rendidor y perfecto para llevar entero a la mesa.

Convierte lo que encuentras en una experiencia que realmente puedes llevar a tu cocina.

Precalienta el horno a 190 °C. Calienta el aceite de oliva en una sartén, agrega el ajo picado y cocina 30 segundos. Incorpora la espinaca y saltea 3 a 4 minutos, hasta que pierda volumen. Pásala a un colador, deja que entibie y presiónala muy bien para retirar el exceso de líquido; luego pícala.
Mezcla en un bowl la espinaca con la ricotta, el huevo, la mitad del queso parmesano, el 35 % de la sal, la mitad de la pimienta negra y el 40 % de la nuez moscada. Integra solo hasta obtener un relleno cremoso, compacto y fácil de repartir, sin batirlo hasta volverlo pasta.
Derrite la mantequilla sin sal en una olla a fuego medio-bajo. Agrega la harina sin preparar y cocina 1 minuto, batiendo, sin dejar que tome color oscuro. Añade la leche fresca poco a poco mientras bates y cocina 6 a 8 minutos, hasta obtener una bechamel lisa y fluida, capaz de cubrir la cuchara sin quedar pastosa. Sazona con el resto de la sal, la pimienta y la nuez moscada.
Extiende la salsa de tomate por la base del molde. Rellena la pasta para canelones con la mezcla de espinaca y ricotta, sin compactarla en exceso, y acomoda los canelones en una sola capa. Cubre toda la pasta con la bechamel, incluyendo los extremos, para que se cocine uniformemente y no se reseque.
Reparte el queso mozzarella y el resto del queso parmesano por encima. Hornea a 190 °C durante 25 a 30 minutos, hasta que la pasta esté tierna al pincharla y la superficie quede dorada y burbujeante. Retira del horno y deja reposar 5 minutos antes de servir, para que el relleno se asiente sin perder cremosidad.