Un clásico limeño de capas frías y sabor limpio. La papa amarilla queda suave y moldeable, con ají y limón marcando la masa sobre un relleno cremoso de pollo y palta.

Convierte lo que encuentras en una experiencia que realmente puedes llevar a tu cocina.

Lava las papas amarillas y cocínalas con cáscara en una olla con la mayor parte del agua, a hervor suave, por 25 a 30 minutos. Cuando falten unos 10 minutos, añade el ají amarillo sin venas ni pepas; retíralo cuando la piel se desprenda con facilidad y saca las papas apenas un cuchillo entre al centro sin resistencia pero sin que se estén abriendo.
Mientras se cocinan las papas, coloca la pechuga de pollo en otra olla con el resto del agua. Lleva apenas a hervor y cocina a fuego medio-bajo por 15 a 18 minutos, hasta que al cortar la parte más gruesa esté completamente blanca y sin zonas rosadas. Retírala y deja que pierda el exceso de calor antes de deshilacharla.
Escurre las papas, pélalas todavía tibias y pásalas por el prensapapas; déjalas soltar vapor por 5 minutos, hasta que el puré se vea seco en la superficie. Pela el ají cocido y licúalo con el aceite, la mayor parte del jugo de limón y la mayor parte de la sal. Incorpora esta crema al puré y mezcla solo hasta obtener una masa lisa, amarilla y moldeable, sin trabajarla de más.
Deshilacha el pollo y mézclalo con la mayonesa, la pimienta y casi todo el resto de la sal, hasta que quede ligado y cremoso pero todavía se distingan las hebras. Corta la palta Hass en láminas y pásalas suavemente por el resto del jugo de limón y la última parte de la sal para mantenerlas frescas y bien sazonadas.
Extiende la mitad de la masa de papa en el molde y nivélala sin aplastarla demasiado. Cubre con la palta, reparte encima el pollo con mayonesa y termina con el resto de la papa, alisando la superficie con presión suave. Refrigera por 15 minutos, hasta que las capas estén firmes y no se desplacen al cortar.
Corta la aceituna negra en cuartos y repártela sobre la superficie. Divide la causa en porciones con un cuchillo limpio y sirve fría o fresca, no helada; la masa debe sostener el corte y seguir suave al morder, con el relleno claramente cremoso. ¡Y listo! Esa primera capa amarilla ya anuncia que hay causa en la mesa.