Una base ácida y crocante que levanta sánguches, carnes y platos contundentes. La cebolla morada queda rosada, fresca y ligeramente agridulce, con suficiente carácter para cortar grasa sin dominar. Un frasco sencillo que termina siendo peligrosamente útil.

Corta la cebolla morada en pluma fina, de unos 2 a 3 mm, y separa las capas con los dedos. Pásala al frasco sin apretarla demasiado; el corte debe quedar parejo y todavía firme para que se encurta rápido sin perder el crocante.
Pon el vinagre, el agua, el azúcar y la sal en una cacerola. Calienta a fuego medio durante 2 a 3 minutos, moviendo hasta que los cristales desaparezcan y el líquido esté bien caliente y completamente transparente; no necesitas mantenerlo hirviendo.
Vierte la salmuera caliente sobre la cebolla y presiónala suavemente para que quede cubierta. Déjala reposar destapada durante 20 minutos
Convierte lo que encuentras en una experiencia que realmente puedes llevar a tu cocina.
