Cerdo crujiente envuelto al final en una salsa agridulce brillante de piña, vinagre y sillao. Los pimientos y la cebolla quedan firmes, la fruta jugosa y la carne conserva contraste bajo el glaseado. Chifa casero de los que piden arroz blanco al costado.

Convierte lo que encuentras en una experiencia que realmente puedes llevar a tu cocina.

Corta el lomo de cerdo en cubos de unos 3 cm. Corta la cebolla, el pimiento rojo y la piña en trozos de tamaño parecido, y pica fino el ajo y el kión. Mezcla el cerdo con el ajo, el kión, el 40 % del sillao, el 60 % de la sal y la pimienta blanca hasta que todos los cubos queden bien sazonados.
Mezcla la harina con el 80 % de la maicena. Pasa el cerdo sazonado por la mezcla seca, presionando apenas para que se adhiera una capa fina y pareja, y sacude bien el exceso. Calienta el aceite a fuego medio-alto y fríe el cerdo en 2 o 3 tandas durante 4 a 5 minutos, hasta que esté bien dorado, crujiente y completamente cocido al centro. Retira con espumadera y escurre sobre papel absorbente.
Retira casi todo el aceite de una sartén y saltea la cebolla y el pimiento a fuego alto durante 2 minutos, hasta que estén brillantes pero todavía firmes. Agrega la piña y saltea 1 minuto más. Incorpora el ketchup, el azúcar, el vinagre, el resto del sillao, el resto de la sal y las tres cuartas partes del agua; deja hervir 2 minutos, hasta que el sabor se sienta claramente dulce y ácido sin olor fuerte a vinagre.
Disuelve el 20 % restante de la maicena en el resto del agua y viértelo en hilo mientras mezclas. Cocina 30 a 60 segundos, hasta que la salsa quede brillante y cubra ligeramente la cuchara. Agrega el cerdo frito y mezcla durante 20 a 30 segundos, solo hasta glasearlo; sirve inmediatamente para conservar el contraste entre costra, salsa y verduras. ¡Y listo! Si el cerdo todavía cruje debajo del brillo agridulce, llegó al punto chifero 😌