Un festín cálido y meloso que condensa la esencia de la Lima antigua, donde la guanábana y el mote danzan en una infusión vibrante de frutas y especias. Es el abrazo dulce de las tardes de invierno, un postre con alma que celebra nuestra rica herencia criolla. Puro confort limeño en cada tazón.

Hierve la mayor parte del agua con la canela, el clavo de olor, el anís, las hojas de naranjo si las usas y la chancaca por 10 minutos, hasta que el líquido huela especiado y la chancaca se disuelva.
Convierte lo que encuentras en una experiencia que realmente puedes llevar a tu cocina.

Cuela la infusión y devuélvela a la olla. Agrega la piña, el membrillo y la manzana en cubos pequeños; cocina 12 a 15 minutos, hasta que la fruta esté tierna pero todavía visible.
Disuelve la harina de maíz con el resto del agua fría en un bowl, batiendo hasta que no queden grumos. No la eches seca a la olla o el champús se venga abajo en bolitas.
Agrega la harina disuelta a la olla en hilo, moviendo constante. Cocina 8 a 10 minutos, hasta que espese, se vea meloso y ya no tenga sabor a harina cruda.
Incorpora el mote de maíz sancochado y la guanábana sin pepas. Cocina 3 a 4 minutos más, solo para calentar y perfumar; la guanábana debe seguir fresca, no castigada.
Apaga y agrega unas gotas de limón sutil si quieres levantar la fruta. Sirve tibio o caliente: debe quedar espeso, frutal y con mote en cada cucharada.