Una joya ancestral definida por la textura melosa de la yuca y el perfume profundo de la chancaca especiada. Es el dulce refugio de nuestra costa y selva, un bocado con alma que celebra la nobleza de la tierra en cada envoltura. Un viaje sensorial a nuestras raíces en un postre rústico y eterno.

Limpia las hojas de plátano y pásalas por una sartén caliente, sin grasa, 10 a 15 segundos por lado, solo hasta que se vuelvan flexibles y brillantes. Córtalas en piezas grandes para envolver.
Pela la yuca, retira la vena dura del centro y rállala por el lado fino. Exprime la yuca rallada con fuerza para quitar exceso de líquido; debe quedar húmeda, pero no chorreando.
Hierve la chancaca con una parte del agua, la canela, el clavo de olor y la sal por 8 a 10 minutos
Convierte lo que encuentras en una experiencia que realmente puedes llevar a tu cocina.

Mezcla la yuca rallada con la miel tibia de chancaca y el anís en grano. Trabaja la masa por 2 a 3 minutos, hasta que quede pegajosa, aromática y pareja, sin zonas secas.
Coloca una porción de masa en cada hoja, dobla como paquete rectangular y amarra o ajusta con tiras de la misma hoja. No los llenes hasta el borde: la yuca necesita espacio para asentarse.
Acomoda las chapanas en una vaporera con el resto del agua caliente abajo. Cocina al vapor por 45 a 55 minutos, hasta que la masa esté firme, oscura y se sienta elástica al presionar el paquete.
Deja reposar las chapanas 15 minutos antes de abrirlas. Sírvelas tibias o a temperatura ambiente; deben quedar melosas, compactas y con perfume profundo de hoja y chancaca.