Un piqueo nacido en el Callao donde cada valva guarda un golpe de mar y frescura. El choro tierno recibe una chalaca crocante de cebolla, tomate, choclo, ají limo y limón, con suficiente acidez para despertar el bocado sin esconder el molusco. Prepara la fuente completa: suele vaciarse mucho antes de que alguien admita cuántos comió.

Convierte lo que encuentras en una experiencia que realmente puedes llevar a tu cocina.

Pon el choclo en una olla mediana con la mayor parte del agua y cocina a hervor suave por 10 a 12 minutos, hasta que los granos estén tiernos pero todavía firmes. Escúrrelo y déjalo enfriar mientras preparas los choros.
Lava muy bien los choros, retirando suciedad y barbas visibles; descarta los que estén rotos o permanezcan abiertos después de tocarlos. Ponlos en una olla grande con el resto del agua, tapa y cocina a fuego alto por 4 a 6 minutos, retirando cada choro apenas se abra para que no se endurezca. Descarta los que permanezcan cerrados. Cuando puedas manipularlos, elimina una valva y limpia cualquier filamento restante, dejando cada choro acomodado en su media concha.
Pica la cebolla morada y el tomate sin semillas en cubitos pequeños y parejos; pica fino el ají limo y el culantro. Mézclalos con el choclo ya frío, el jugo de limón, el aceite vegetal, la sal y la pimienta. Deja reposar solo 3 a 5 minutos, hasta que la chalaca esté jugosa y bien ácida pero conserve todo su crocante.
Acomoda los choros en una fuente y corona cada valva con una cucharada generosa de chalaca, procurando repartir choclo, cebolla y tomate en todas. Sirve apenas termines de armarlos para que el limón no ablande la mezcla. El mejor bocado tiene choro tierno, cebolla que cruje y jugo ácido acumulado apenas en el fondo de la valva. ¡Y listo! Pon la docena al centro y comprueba quién alcanza el último. 😌