Pura textura y sabor andino en un bocado que reconforta el alma. Es la joya de nuestras picanterías, un revuelto meloso que celebra la paciencia de la tierra y la frescura del campo. Un clásico que transforma lo simple en algo extraordinario.

Enjuaga el chuño blanco varias veces hasta que el agua salga más clara. Cúbrelo con agua caliente y déjalo reposar 25 minutos, hasta que empiece a ablandarse y pierda el golpe seco.
Escurre el chuño y pásalo a una olla con el resto del agua y la mitad de la sal. Hierve por 18 a 22 minutos, hasta que esté tierno pero todavía firme; escurre muy bien para que no agüe el rebozado.
Calienta el aceite vegetal y cocina la cebolla roja
Convierte lo que encuentras en una experiencia que realmente puedes llevar a tu cocina.

Añade el chuño blanco escurrido a la sartén y saltea por 3 minutos, hasta que se caliente bien y tome el sabor del aderezo. Si ves agua en el fondo, sigue moviendo hasta que se evapore.
Bate los huevos con el resto de la sal y la pimienta negra por 30 segundos. Vierte sobre el chuño y mueve suave por 2 a 3 minutos, hasta que el huevo cuaje cremoso y abrace cada trozo.
Agrega el queso fresco en cubitos y cocina 1 minuto más, solo hasta que se ablande un poco sin desaparecer. Sirve caliente, con el chuño entero, meloso y bien rebozado.