Un dulce tradicional donde el coco manda de verdad. Dorada y ligeramente crocante por fuera, conserva un centro húmedo y masticable con ese sabor tostado que pide café, lonche y una segunda cocada casi por reflejo.

Pon la clara de huevo y el azúcar en un bowl resistente al calor sobre una olla con agua apenas hirviendo, sin que el fondo toque el agua. Bate continuamente por 4 a 5 minutos, hasta que la mezcla esté tibia, brillante y espumosa y al frotar una gota entre los dedos apenas se sientan granos de azúcar. Retírala del calor antes de que la clara empiece a cuajarse.
Incorpora el coco rallado, la harina y la sal con una espátula hasta obtener una mezcla húmeda, densa y pegajosa que mantenga su forma al presionarla. Precalienta el horno a 180 °C y forma 12 montoncitos altos sobre una bandeja cubierta con papel manteca; presiónalos apenas para compactarlos, pero deja la superficie irregular para que las puntas puedan tostarse.
Convierte lo que encuentras en una experiencia que realmente puedes llevar a tu cocina.

Hornea las cocadas por 18 a 20 minutos, hasta que tengan puntas y bordes bien dorados pero el centro todavía se vea húmedo. Déjalas enfriar en la misma bandeja por 5 minutos, hasta que la base se afirme y puedas levantarlas sin que se desarmen. Sírvelas tibias o a temperatura ambiente: el borde debe ceder con un pequeño crujido y el centro seguir jugoso de coco. ¡Y listo! Aquí el coco no vino de decoración. 😌