Elegancia y frescura concentradas en una textura aterciopelada que celebra el sabor delicado del espárrago verde. Es un abrazo suave al paladar, donde la untuosidad de la crema se equilibra con la ligereza del puerro y la papa. Un clásico sofisticado y nutritivo que transforma lo sencillo en una experiencia sublime. Ideal para abrir un banquete con distinción.

Corta las puntas tiernas de los espárragos y resérvalas. Pela la base si está fibrosa y corta los tallos en trozos pequeños. Pica el poro, la cebolla blanca y el ajo; pela y corta la papa en cubos chicos para que no retrase la crema.
Calienta la mantequilla con el aceite de oliva
Convierte lo que encuentras en una experiencia que realmente puedes llevar a tu cocina.

Agrega los tallos de espárrago, la papa, el caldo de verduras, la mayor parte de la sal y la pimienta. Cocina por 14 minutos, con hervor suave, hasta que la papa esté tierna y el espárrago siga verde. Añade las puntas reservadas durante los últimos 2 minutos.
Retira unas puntas de espárrago para decorar y licúa el resto hasta que quede sedoso. Si buscas textura más fina, pasa la crema por colador de malla fina. Trabaja por tandas si la licuadora queda muy llena; vapor con tapa apurada es mini volcán doméstico.
Regresa la crema a la olla, baja el fuego y añade la crema de leche, la nuez moscada y el resto de la sal. Calienta por 3 minutos, sin hervir fuerte, hasta que quede aterciopelada. Sirve con las puntas de espárrago encima.