Un postre peruano donde la lúcuma llega cremosa sobre un crocante de merengue y pecanas. Dulce, frío y lleno de contraste, combina una mousse suave con una base que se quiebra al cortar. Elegante sin ponerse complicado y perfecto para sacar cuando hay visitas.

Convierte lo que encuentras en una experiencia que realmente puedes llevar a tu cocina.

Precalienta el horno a 150 °C y forra la base de un molde desmontable con papel manteca. Bate las claras durante 2 minutos, hasta que estén espumosas y formen picos suaves; agrega el azúcar poco a poco y continúa batiendo 2 a 3 minutos, hasta obtener un merengue brillante y firme. Incorpora las pecanas con movimientos envolventes.
Extiende el merengue en el molde y hornea durante 25 minutos, hasta que la superficie esté seca, apenas dorada y firme al tocarla suavemente. Retira del horno y deja enfriar unos 15 minutos; el crocante debe afirmarse al perder calor, no quedar húmedo ni chicloso.
Mientras se enfría la base, mezcla la gelatina sin sabor con el agua y déjala hidratar 5 minutos. Caliéntala en el microondas durante unos 10 segundos y remueve hasta que quede completamente líquida y sin grumos; no la hiervas.
Licúa la pulpa de lúcuma, la leche condensada y la vainilla durante 30 segundos, hasta obtener una crema lisa y sin grumos. Incorpora la gelatina líquida y mezcla nuevamente unos segundos. Aparte, bate la crema para batir hasta que forme picos suaves e incorpórala con movimientos envolventes, conservando una mousse aireada pero con cuerpo.
Vierte la mousse sobre el crocante ya frío y alisa apenas la superficie. Refrigera durante 45 minutos, hasta que el centro esté firme al mover el molde pero todavía cremoso al cortar. Desmolda y sirve frío; la cuchara debe atravesar una crema suave y encontrar debajo el quiebre seco de pecanas. ¡Y listo! Ahí está el crocante: lúcuma arriba, crack abajo.