Una joya de la repostería iqueña que transforma la nobleza del pallar en una caricia aterciopelada para el paladar. Su textura, sedosa y profundamente melosa, se entrelaza con el perfume de la canela y la vainilla, creando un manjar rústico pero sofisticado. Es el sabor de la tierra generosa hecho seda.

Enjuaga el pallar seco y ponlo en olla a presión con el agua, la canela y el clavo de olor. Cocina 40 a 45 minutos desde que toma presión, hasta que el pallar esté completamente suave.
Libera la presión con seguridad, retira la canela y los clavos, y escurre el pallar. Si algunas cáscaras se sueltan, retíralas; cuanto más limpio quede, más fino sale el dulce.
Procesa el
Convierte lo que encuentras en una experiencia que realmente puedes llevar a tu cocina.

Lleva el puré a una olla con el azúcar, la vainilla y la pizca de sal. Cocina a fuego bajo por 25 a 30 minutos, moviendo constante, hasta que se vea brillante y al pasar la cuchara se abra un surco lento.
Tuesta el ajonjolí en sartén seca por 2 a 3 minutos, hasta que huela cálido. Sirve el dulce de pallar tibio o a temperatura ambiente y termina con el ajonjolí encima.
Deja reposar 10 minutos antes de servir si lo quieres más firme. El punto correcto es sedoso, meloso y con aroma claro a vainilla y canela, nunca arenoso.