Consistencia reconfortante y melosa definida por el dulzor del membrillo y la esencia de la cebada tostada. Es el refugio tradicional de las mañanas limeñas, una pócima de bienestar que equilibra hierbas medicinales con un toque cítrico vibrante. Saludable, aromático y profundamente restaurador.

Tuesta la cebada con cáscara en una sartén seca por 4 a 5 minutos, moviendo seguido, hasta que huela a cereal tostado. No la quemes: el amargor se pega como chisme malo.
Lava el membrillo, córtalo en cuartos y retira solo el centro duro si está muy leñoso. La cáscara ayuda al perfume y al cuerpo, así que no la descartes por reflejo.
Pon en una olla grande el agua, la cebada tostada, el
Convierte lo que encuentras en una experiencia que realmente puedes llevar a tu cocina.

Agrega la hierbaluisa y la manzanilla en los últimos 5 minutos de hervor. Así perfuman sin volverse opacas ni meter sabor a hierba cansada.
Cuela el emoliente con colador de malla fina, presionando suave el membrillo y la linaza para rescatar cuerpo sin pasar sólidos gruesos. Debe quedar limpio, pero no aguado.
Regresa el líquido colado a la olla, agrega la chancaca y calienta 3 a 4 minutos, hasta que se disuelva. Prueba: debe quedar dulce, pero todavía herbal y frutal.
Apaga el fuego y agrega el jugo de limón sutil justo antes de servir. Sirve caliente o bien tibio, con textura melosa, aroma a membrillo y ese filo cítrico que despierta el vaso.