Bizcocho en capas bien esponjoso, remojado con almíbar de canela y pisco. Entre capa y capa: manjar blanco cremoso, sin mezquinar. Se termina con una nevada de canela que lo perfuma todo.

Convierte lo que encuentras en una experiencia que realmente puedes llevar a tu cocina.

Precalienta el horno a 180 °C. Forra una bandeja rectangular con papel manteca y engrasa apenas con mantequilla; el bizcocho debe despegar limpio para poder cortarse en capas.
Bate los huevos con el azúcar del bizcocho, la vainilla y la sal por 7 a 9 minutos, hasta que la mezcla esté pálida, espesa y caiga en cinta.
Tamiza la harina, el almidón de maíz y el polvo de hornear sobre la mezcla en dos tandas. Incorpora con movimientos envolventes, solo hasta que no veas harina seca.
Extiende la masa en la bandeja y hornea por 14 a 16 minutos, hasta que el bizcocho esté dorado suave, elástico y seco al tacto. Enfría 10 minutos antes de desmoldar.
Hierve el agua con el azúcar del almíbar y la canela en rama por 8 a 10 minutos, hasta que huela intenso y el azúcar esté completamente disuelta. Apaga el fuego y agrega el pisco.
Corta el bizcocho en tres rectángulos parejos. Pincela cada capa con el almíbar de canela y pisco; debe quedar húmeda, pero no chorreando como esponja abandonada.
Arma las capas con manjar blanco, repartiendo una capa generosa entre cada rectángulo y una película fina encima. Presiona apenas para nivelar, sin aplastar la miga.
Espolvorea canela molida por toda la superficie y, si quieres un acabado más de vitrina, añade azúcar impalpable. Reposa 15 minutos antes de cortar para que el almíbar se acomode.