Un clásico italiano tricolor, fresco y sin cocina. El contraste entre tomate jugoso, mozzarella cremosa y albahaca fragante se vuelve brillante con un buen aceite de oliva: simple, limpio y de esos platos que desaparecen de la fuente más rápido de lo que esperabas.

Escurre bien el queso mozzarella y sécalo con papel absorbente; luego lava y seca los tomates. Corta ambos en rodajas de unos 8 a 10 mm, lo bastante gruesas para conservar forma y jugosidad sin desarmarse al montar.
Alterna las rodajas de tomate y queso mozzarella en una fuente. Reparte la albahaca justo al final, entera o apenas rasgada con la mano; rocía el aceite de oliva y espolvorea la sal principalmente sobre el tomate. Debe quedar brillante, no bañada en aceite. Sirve de inmediato, fresca pero no helada. Si el tomate está jugoso, la mozzarella cremosa y la albahaca sigue viva, salió como debía. ¡Y listo! 🧡
Convierte lo que encuentras en una experiencia que realmente puedes llevar a tu cocina.
