Un clásico de hojas frías, aderezo intenso y crutones que crujen de verdad. La romana queda apenas cubierta por una salsa cremosa, ácida y llena de umami, con parmesano y anchoa marcando ese carácter inconfundible. Fresca, salina y crocante, es de esas ensaladas que desaparecen del bowl antes de que te des cuenta.

Corta el pan baguette en cubos de unos 2 cm. Calienta la sartén a fuego medio-bajo con un poco más de la mitad del aceite de oliva; añade una tercera parte del ajo y, apenas perfume por 20 segundos sin dorarse, incorpora el pan y toda la sal. Tuesta por 6 a 8 minutos, moviendo seguido, hasta que los cubos estén secos, dorados y crujientes por fuera. Retíralos del fuego.
Convierte lo que encuentras en una experiencia que realmente puedes llevar a tu cocina.

Pica muy fino la anchoa con el resto del ajo y aplástalos con el lado del cuchillo hasta formar una pasta. Pásala al bowl y bate con la mayonesa, el jugo de limón, la salsa inglesa, el resto del aceite de oliva, algo más de la mitad del queso parmesano y la pimienta durante 1 minuto, hasta que el aderezo quede cremoso, brillante y lo bastante fluido para cubrir una hoja sin formar grumos.
Separa la lechuga romana, enjuágala y escúrrela muy bien; luego córtala o rómpela en trozos grandes. Debe quedar fría, firme y sin agua visible en las hojas: si entra mojada al bowl, el aderezo no se pega.
Pon las hojas secas en el bowl y añade el aderezo poco a poco mientras mezclas con suavidad, solo hasta que cada hoja quede ligeramente brillante y cubierta, sin exceso en el fondo. Incorpora los crutones y termina con el resto del queso parmesano. Sirve de inmediato, mientras la lechuga sigue fría y el pan cruje. ¡Y listo! Si cada bocado tiene frescura, crema y crocante a la vez, quedó como debía. 😌