Crocancia vegetal pura definida por la frescura de la caigua cruda y la dulzura del choclo tierno. Es un bocado que te conecta con la tierra peruana, una sinfonía cítrica y jugosa que aporta equilibrio y ligereza a cualquier mesa criolla. La frescura andina hecha ensalada.

Abre las caiguas, retira pepas, venas y la parte blanca más dura. Córtalas en tiras finas y ponlas en un bowl con parte del agua y el hielo por 8 minutos, hasta que estén bien crocantes.
Cocina el choclo con el resto del agua y parte de la sal por 8 a 10 minutos, hasta que esté tierno y dulce. Escurre, enfría un poco y desgrana sin aplastar los granos.
Convierte lo que encuentras en una experiencia que realmente puedes llevar a tu cocina.

Corta la cebolla roja en pluma fina y el tomate en cubos jugosos. Pica el culantro justo antes de mezclar para que no se oxide ni pierda aroma.
Bate el jugo de limón con el aceite de oliva, el resto de la sal y la pimienta negra por 20 segundos, hasta que el aliño se vea unido y brillante.
Escurre muy bien la caigua y mézclala con el choclo, la cebolla, el tomate, el culantro y el aliño. Sirve al momento, fresca y suelta, antes de que el limón ablande la crocancia.