Cremosa, fresca y con ese toque cítrico que solo nuestra costa sabe dar. Es el encuentro perfecto entre la nobleza del pallar iqueño y la alegría de una salsa criolla bien hecha. Un clásico que no solo alimenta, sino que refresca el alma en cada bocado.

Enjuaga los pallares verdes y revisa que no haya granos dañados. Pon a hervir el agua con la hoja de laurel y una parte de la sal; así el pallar entra a cocción con sabor desde el inicio.
Agrega los pallares y cocina a hervor suave por 18 a 22 minutos, hasta que estén tiernos pero enteros. Escúrrelos y déjalos enfriar 10 minutos
Convierte lo que encuentras en una experiencia que realmente puedes llevar a tu cocina.

Corta la cebolla roja en pluma fina, el tomate en cubos y el ají amarillo en tiras delgadas. Pica el perejil fino. Todo debe quedar fresco y reconocible, no triturado.
Mezcla la cebolla roja con el limón sutil, el vinagre blanco y otra parte de la sal. Déjala reposar 8 minutos, hasta que pierda fuerza cruda pero siga crocante.
Une los pallares ya fríos con la cebolla macerada, el tomate, el ají amarillo, el aceite de oliva, la pimienta negra, el resto de la sal y la mitad del perejil. Mezcla con cuidado para no volver puré los pallares.
Deja reposar la ensalada 10 minutos a temperatura ambiente y termina con el perejil restante. Sirve fresca o a temperatura ambiente: debe sentirse cremosa, cítrica y con la cebolla todavía viva.