Textura graneada y noble definida por el súper grano andino y un equilibrio umami oriental. Es una fusión vibrante donde el frescor del pepino y la dulzura del choclo se encuentran con la profundidad de la soya y el aceite de ajonjolí. Una propuesta honesta, nutritiva y llena de carácter.

Cocina la quinua blanca con el agua y parte de la sal a fuego medio-bajo por 14 a 16 minutos, hasta que el líquido se absorba y los granos se vean abiertos. Apaga, tapa y deja reposar
Convierte lo que encuentras en una experiencia que realmente puedes llevar a tu cocina.

Extiende la quinua en una bandeja o fuente amplia y deja que pierda vapor 10 minutos. Suéltala con tenedor; debe quedar tibia o a temperatura ambiente antes de mezclar, no caliente y húmeda.
Corta el pepino, la zanahoria, el pimiento morrón y la cebolla china en piezas pequeñas. Si el maíz dulce viene muy húmedo, escúrrelo bien. Todo debe entrar fresco y seco para que el aliño brille, no se agüe.
Mezcla el sillao claro, el aceite de ajonjolí, el vinagre de arroz, el jugo de limón, la miel, el jengibre, el ajo y el resto de la sal. Bate 30 segundos, hasta que el aliño se vea brillante y bien unido.
Une la quinua, las verduras y el maíz dulce en un bowl amplio. Agrega el aliño poco a poco y mezcla con suavidad hasta que todo quede húmedo, pero suelto. Termina con ajonjolí y reposa 5 minutos antes de servir frío o a temperatura ambiente.