Un piqueo norteño simple y peligrosamente crujiente. El plátano verde se corta fino y se fríe hasta quedar dorado, seco y quebradizo, con la sal pegada todavía en caliente. Tres ingredientes para uno de esos clásicos que desaparecen apenas llegan a la mesa.

Haz un corte superficial a lo largo de la cáscara del plátano verde, retírala y corta la pulpa en láminas de 1 a 2 mm con la mandolina. Trabaja despacio y detente antes de acercar los dedos a la cuchilla; las láminas deben quedar muy finas y parejas para freírse al mismo ritmo.
Calienta el aceite vegetal a fuego medio-alto en una sartén profunda. Prueba con una lámina: debe burbujear de inmediato sin oscurecerse enseguida. Fríe el plátano en tandas durante 2 a 3 minutos, separando las láminas con la espumadera, hasta que estén dorado claro, rígidas y crujientes; retíralas apenas lleguen a ese punto para que no amarguen.
Pasa los chifles a papel absorbente y agrega inmediatamente la sal, moviéndolos para repartirla antes de que se enfríen. Sírvelos apenas tibios o a temperatura ambiente: deben quedar secos, quebradizos y crujientes hasta el centro
Convierte lo que encuentras en una experiencia que realmente puedes llevar a tu cocina.
