Un básico de despensa: fino, seco y crujiente, con sabor neutro y apenas salado. Hechas para acompañar queso, mermelada o una taza caliente sin competir con nada. Cuando salen bien, el primer crujido lo dice todo.

Mezcla en un Bowl de Mezcla la Harina sin Preparar, la Levadura Seca, el Azúcar Blanca y la Sal de Mesa. Incorpora la Manteca Vegetal con los dedos hasta repartirla como migas finas; luego agrega el Agua ligeramente tibia y une durante 2 a 3 minutos, hasta obtener una masa firme, lisa y apenas elástica, sin necesidad de amasarla como pan.
Cubre la masa y déjala reposar 20 minutos. No necesitas esperar que duplique volumen: estará lista cuando se sienta más relajada y fácil de estirar sin encogerse de inmediato.
Convierte lo que encuentras en una experiencia que realmente puedes llevar a tu cocina.

Precalienta el Horno a 200 °C y cubre las bandejas con Papel Manteca. Estira la masa con el Rodillo de Amasar hasta unos 3 mm, dóblala en tres y vuelve a estirar; repite una vez y termina con una lámina de aproximadamente 2 mm, fina y pareja.
Corta la masa en unos 40 rectángulos parejos y pínchalos varias veces para controlar cuánto se inflan. Distribúyelos en las bandejas dejando un pequeño espacio entre ellos; cuanto más uniforme quede el grosor, más parejo será el crujido.
Hornea durante 10 a 12 minutos, girando e intercambiando las bandejas a mitad de cocción si están en alturas distintas, hasta que las galletas estén secas, firmes y apenas doradas en los bordes. Déjalas enfriar 5 minutos: al perder el vapor deben quedar bien crujientes y quebradizas. ¡Y listo! Si suenan secas al partirlas, ya tienes galletas de agua de verdad. ✨