Una hamburguesa de casa hecha para repetir seguido: carne bien dorada y jugosa, cheddar fundido, pan tostado y el contraste fresco de lechuga, tomate y pepinillo. Pocos ingredientes, una sola sartén y veinte minutos para llegar a una clásica que sabe a hamburguesa de verdad.

Corta el tomate y los pepinillos en láminas y separa la lechuga en porciones. Seca bien la lechuga y el tomate para que no mojen el pan. Deja todo listo antes de cocinar: una vez que la carne entra a la sartén, esta hamburguesa sale rápido.
Divide la carne molida en cuatro porciones de unos 125 g y forma discos de aproximadamente 1.5 cm de grosor, apenas más anchos que el pan. Manipula la carne lo mínimo posible y haz un pequeño hoyuelo en el centro de cada disco. Sazona ambos lados con la
Convierte lo que encuentras en una experiencia que realmente puedes llevar a tu cocina.

Calienta una sartén de hierro a fuego medio-alto durante 2 minutos y agrega el aceite. Cocina las hamburguesas 3 a 4 minutos sin moverlas, hasta formar una costra marrón intensa. Voltea una sola vez, coloca el queso cheddar encima y cocina otros 3 a 4 minutos, hasta que el queso esté fundido y el centro de la carne alcance 71 °C. Retira las hamburguesas y déjalas reposar mientras tuestas el pan.
Abre el pan de hamburguesa y tuesta las caras internas en la misma sartén durante 45 a 60 segundos, hasta que estén doradas. Unta cada pan con mayonesa y ketchup, coloca la carne con queso, lechuga, tomate y pepinillos, y cierra. Sirve inmediatamente. ¡Y listo! Costra en la carne, queso fundido, pan tostado y veinte minutos: una clásica no necesita más teatro 🍔