Un tesoro de la repostería moqueguana definido por su textura friable y un corazón meloso de membrillo. Esta joya regional captura la esencia del sur peruano, ofreciendo un contraste perfecto entre la masa quebrada y el perfume del vino dulce y el anís. Tradición pura que se deshace en el paladar.

Convierte lo que encuentras en una experiencia que realmente puedes llevar a tu cocina.

Calienta la mayor parte del vino oporto con el anís dulce por 2 minutos, sin dejar que hierva fuerte. Apaga, tapa y deja reposar 5 minutos; luego cuela y enfría hasta que esté apenas tibio.
Mezcla la harina de trigo, el azúcar blanca, el polvo de hornear y la sal en un bowl. Agrega la manteca y la mantequilla sin sal frías, y frótalas con la harina hasta que parezca arena gruesa.
Agrega las yemas de huevo y el vino aromatizado poco a poco. Une la masa con espátula y luego con la mano, solo hasta formar un bloque suave; no la amases como pan.
Aplana la masa en un disco, cúbrela con film plástico y refrigera 25 minutos, hasta que esté firme pero todavía flexible. Este frío ordena la grasa y ayuda a que la hojaldrilla no se deforme.
Mezcla el dulce de membrillo con el resto del vino oporto hasta que quede maleable. Estira la masa a 4 mm, corta 24 discos y rellena 12 con membrillo; tapa con los otros discos y sella los bordes con presión suave.
Pincela las piezas con el huevo de gallina batido y hornéalas a 180 °C por 18 a 22 minutos, hasta que estén secas, apenas doradas en los bordes y firmes al levantarlas.
Deja enfriar las hojaldrillas 15 minutos antes de moverlas demasiado. Espolvorea el azúcar en polvo al final si quieres un acabado más fino; deben quedar friables, secas y con centro meloso.