Un dulce serrano de choclo tierno envuelto en su propia panca. La masa queda húmeda y suave, con mantequilla, canela y pasas acompañando sin esconder el sabor del maíz. Apenas se abre el paquete y escapa ese vapor dulce, cuesta creer que una sola humita vaya a ser suficiente.

Convierte lo que encuentras en una experiencia que realmente puedes llevar a tu cocina.

Escoge las pancas de choclo más anchas y enteras. Coloca una cuarta parte del agua en la vaporera y pásalas por el vapor durante 3 minutos, hasta que estén flexibles y se puedan doblar sin rajarse. Retíralas y resérvalas.
Desgrana el choclo y licúalo con la leche evaporada en tandas, pulsando solo lo necesario para obtener una masa espesa y ligeramente rústica. Deben quedar pequeños restos de grano; si la conviertes en una crema completamente líquida, la humita pierde carácter.
Derrite la mantequilla en una olla a fuego bajo e incorpora la masa de choclo, el azúcar, la canela y la sal. Cocina durante 10 a 12 minutos, moviendo constantemente y raspando el fondo, hasta que la mezcla esté brillante, espesa y deje un surco claro durante unos segundos cuando pases la cuchara. Retira del fuego y deja entibiar 5 minutos para que sea más fácil envolverla.
Superpone dos pancas para cada humita, coloca una porción de masa en el centro y reparte las pasas sobre ella. Dobla los lados hacia dentro, cierra los extremos y amarra con pabilo sin estrangular el paquete; la humita debe quedar firme, pero con un poco de espacio para terminar de cuajar.
Agrega el resto del agua a la vaporera, acomoda las humitas sin apretarlas y cocina tapadas durante 30 a 35 minutos, hasta que la masa esté cuajada, firme al tacto y se desprenda de la panca con mucha más facilidad. Déjalas reposar 5 minutos antes de abrir. Sírvelas tibias: cuando la panca se separa y deja salir una masa húmeda que mantiene su forma, ya llegaron a su mejor momento. Abre una y procura que las otras siete no te vean. 😌