Textura melosa y alma amazónica definida por la yuca rallada y el carácter del paiche seco salado. Es un emblema de nuestra selva, un plato ceremonial que envuelve siglos de tradición en las aromáticas hojas de bijao. Un bocado terroso, profundo y vibrante que te transporta al corazón del Amazonas.

Enjuaga el paiche seco y hiérvelo en parte del agua por 8 minutos, solo para bajarle la sal fuerte. Escurre, prueba una fibra y desmenúzalo en trozos grandes; debe quedar sabroso, no salado agresivo.
Pela la yuca, retira la vena dura del centro y rállala fino. Exprime solo un poco con las manos si bota demasiado líquido: la masa debe quedar húmeda, pero no aguada.
Convierte lo que encuentras en una experiencia que realmente puedes llevar a tu cocina.

Derrite la manteca de cerdo y sofríe la cebolla, el ajo molido y el ají dulce por 6 minutos, hasta que estén suaves y fragantes. Agrega la curcuma, el comino, la pimienta y la sal; cocina 1 minuto más.
Mezcla la yuca rallada con el aderezo, el huevo, el sacha culantro y el paiche desmenuzado. Trabaja la masa con mano firme por 2 minutos, hasta que se vea pegajosa, aromática y capaz de mantenerse junta.
Pasa las hojas de bijao por calor unos 20 segundos por lado, solo hasta que estén flexibles. Cruza dos hojas, coloca una porción de masa al centro, envuelve firme y amarra con pabilo sin aplastar el juane.
Hierve los juanes en el resto del agua por 35 minutos, con hervor constante. Deben sentirse firmes al tocarlos y mantener su forma. Reposa 10 minutos antes de abrir, para que la yuca termine de asentarse.