Pura energía amazónica definida por su acidez vibrante y frescura radical. Este jugo es el despertar de los sentidos, una explosión cítrica que rinde homenaje a la biodiversidad de nuestra selva. Refrescante, potente y lleno de identidad.

Lava bien el camu camu y pártelo por la mitad. No hace falta pelarlo; la idea es abrir la fruta para que suelte pulpa y acidez sin maltratar las semillas.
Licúa el camu camu con la mitad del agua por 20 a 30 segundos, solo hasta que la pulpa se suelte. No lo licúes eterno: si rompes demasiado la semilla, aparece un amargor innecesario.
Cuela la mezcla con colador fino y presiona suave para extraer el jugo. Añade el resto del agua y mezcla: debe quedar ácido, limpio y con color claro, no espeso como batido.
Agrega el azúcar blanca y mueve hasta disolver por completo. Sirve con hielo o enfría la jarra unos minutos; el punto correcto es bien frío, ácido y fresco, con dulzor suficiente para no pelearte con cada sorbo.
Convierte lo que encuentras en una experiencia que realmente puedes llevar a tu cocina.
