Una explosión de frescura amazónica definida por el perfil dulce y la astringencia única del casho. Es un viaje sensorial a la selva en cada sorbo, con acidez vibrante, cuerpo frutal y final tropical. Refrescante, exótico y directo al vaso bien frío.

Lava los cashos con cuidado, retira la nuez y corta la fruta en cuartos. Descarta partes golpeadas o demasiado oscuras; la pulpa debe oler dulce, fresca y tropical.
Licúa el casho con el agua, el azúcar y la pizca de sal por 30 a 45 segundos, hasta que la fruta se rompa y el jugo se vea amarillo pálido y aromático.
Pasa el jugo por colador de malla fina, presionando suave para extraer sabor sin forzar demasiada fibra. Prueba: debe quedar dulce, ácido y con esa astringencia limpia del casho.
Sirve con hielo al momento. Si lo guardas, mezcla antes de servir porque la pulpa fina se asienta rápido; frío sabe vivo, tibio pierde gracia.
Convierte lo que encuentras en una experiencia que realmente puedes llevar a tu cocina.
