Un gigante lambayecano de hojarasca y manjarblanco puro. Las capas secas y quebradizas sostienen un relleno abundante, cremoso y profundamente lácteo, dejando ese contraste contundente que convirtió al King Kong en emblema del norte peruano.

Convierte lo que encuentras en una experiencia que realmente puedes llevar a tu cocina.

Mezcla la harina con la sal y abre un espacio al centro. Agrega las yemas y el agua poco a poco, integrando hasta formar una masa firme; luego incorpora la manteca en porciones y trabaja por 4 a 5 minutos, hasta que quede lisa, compacta y flexible, sin sentirse grasosa ni quebrarse al doblarla. Cubre el bowl y deja reposar 20 minutos a temperatura ambiente.
Divide la masa en cuatro partes iguales y estira cada una con el rodillo hasta formar rectángulos del mismo tamaño, de aproximadamente 2 a 3 mm de grosor. Haz pequeños pinchazos por toda la superficie y acomoda las láminas sobre bandejas con papel manteca; deben quedar parejas para que luego el bloque no se incline al rellenarlo.
Hornea las láminas a 170 °C por 14 a 16 minutos, trabajando en tandas si tu horno no permite cocerlas parejas al mismo tiempo. Retíralas cuando estén secas, firmes y apenas doradas en los bordes, sin esperar un tostado oscuro. Pásalas a una rejilla y deja enfriar por completo; calientes todavía son frágiles.
Coloca una lámina de hojarasca y extiende aproximadamente un tercio del manjar blanco en una capa pareja, casi hasta los bordes. Cubre con otra lámina y repite hasta terminar con cuatro hojas y tres capas generosas de manjar; al colocar cada hoja, presiona apenas con las palmas, solo para asentarla sin quebrarla ni expulsar el relleno.
Corta el King Kong en 10 porciones con un cuchillo de sierra, haciendo movimientos largos y dejando que el filo atraviese las capas sin aplastarlas. El corte correcto muestra cuatro láminas bien definidas y manjar abundante entre ellas; al morder, la hojarasca debe quebrarse primero y luego fundirse con el relleno. ¡Y listo! Puro manjarblanco, cero distracciones. 😌