Dulzura cremosa y crocante que envuelve langostinos dorados en una danza de miel y nueces caramelizadas. Es un festín de texturas que celebra la fusión asiática con un alma elegante y pecaminosa. Un bocado vibrante que enamora al primer crujido.

Pela y limpia los langostinos, dejando solo la cola si quieres una presentación más vistosa. Sécalos muy bien con papel; si entran húmedos, el almidón se vuelve engrudo y no crocante.
Hierve el agua con el azúcar y parte de la miel por 4 a 5 minutos, hasta tener un almíbar ligero. Agrega las
Convierte lo que encuentras en una experiencia que realmente puedes llevar a tu cocina.

Mezcla la mayonesa, la leche condensada, el resto de la miel, el jugo de limón y una pizca de sal. La salsa debe quedar cremosa, dulce y con acidez suficiente para no sentirse pesada.
Sazona los langostinos con el resto de la sal y la pimienta blanca. Mézclalos con la clara de huevo y luego cúbrelos con el almidón de maíz, presionando suave para formar una capa ligera.
Calienta el aceite vegetal a 170 °C en un wok u olla. Fríe los langostinos en tandas por 2 a 3 minutos, hasta que estén dorados, curvados y crujientes por fuera. Escurre sobre rejilla.
Pasa los langostinos calientes a un bowl, agrega la salsa de miel y mezcla solo 20 a 30 segundos para cubrir sin ablandar la costra. Termina con las nueces caramelizadas y sirve al toque.