Capas que se sostienen, salsa que abraza y un gratinado que cruje bonito. El relleno de vegetales en base de tomate trae cuerpo y dulzor, y la bechamel amarra todo con cremosidad real. Cierra con quesos dorados y burbujeantes: puro comfort bien hecho.

Convierte lo que encuentras en una experiencia que realmente puedes llevar a tu cocina.

Corta la berenjena y el zapallito italiano en cubos medianos, los champiñones en láminas y la cebolla en cubitos. Pica el ajo y deja la espinaca limpia. La lasaña sale mejor cuando el relleno no llega aguado al molde.
Calienta el aceite de oliva y cocina la cebolla por 5 minutos, hasta que esté suave. Agrega el ajo, la berenjena, el zapallito italiano y los champiñones; saltea por 8 minutos, hasta que los vegetales pierdan agua y empiecen a dorarse.
Suma el tomate en lata, la pasta de tomate, el orégano, parte de la sal y la pimienta. Cocina por 12 minutos, hasta que la salsa esté espesa y cubra los vegetales. Apaga y mezcla la espinaca para que se marchite con el calor residual.
Derrite la mantequilla, agrega la harina y cocina por 1 minuto, moviendo sin parar. Añade la leche poco a poco, batiendo para evitar grumos. Cocina por 6 minutos, hasta que la bechamel esté cremosa y cubra la cuchara; termina con nuez moscada y el resto de la sal.
Calienta el horno a 180 °C. En el molde, pon una capa fina de bechamel, luego láminas de lasaña, relleno vegetal, más bechamel y parte de la mozzarella. Repite hasta terminar, dejando arriba bechamel, mozzarella y parmesano para el gratinado.
Hornea por 35 minutos, hasta que la superficie esté dorada y burbujeante y las láminas se sientan tiernas al pinchar el centro. Si se dora demasiado rápido, cúbrela con papel aluminio sin aplastar la superficie.
Deja reposar la lasaña por 12 minutos antes de cortar. Ese descanso no es adorno: permite que las capas se asienten y salgan porciones firmes, cremosas y sin derrumbe dramático.