Elegante esencia frutal definida por la acidez vibrante de la guinda y un dulzor meloso que acaricia el paladar. Es el digestivo clásico de nuestras sobremesas, un ritual de paciencia que captura el color rubí de la tradición. Pura sofisticación líquida hecha en casa.

Lava las guindas, retira tallitos y sécalas muy bien. Haz un corte pequeño en cada fruta o aplasta apenas algunas con el cuchillo; no las hagas puré, solo queremos que suelten color y acidez.
Coloca las guindas en un frasco de vidrio limpio con la canela en rama, el clavo de olor y la cáscara de naranja. Cubre con el pisco, mezcla suave y cierra bien.
Macerar 21 días en un lugar fresco y oscuro. Mueve el frasco cada 3 o 4 días; el líquido debe volverse rubí profundo, con aroma limpio a fruta y pisco.
Convierte lo que encuentras en una experiencia que realmente puedes llevar a tu cocina.

Hierve el agua con el azúcar blanca por 5 a 7 minutos, hasta formar un almíbar ligero. Déjalo enfriar por completo, agrégalo al frasco y reposa 7 días más para que el dulzor se integre.
Cuela el licor de guinda con colador fino y pásalo a una botella limpia. Sirve en copa chica, frío o a temperatura ambiente; debe quedar brillante, rubí y con dulzor meloso.