Macarrones envueltos en una salsa cremosa de cheddar, espesa lo justo para abrazar cada curva sin convertirse en pasta de cemento. La mantequilla y la leche dan cuerpo, la mostaza despierta el queso y todo termina directamente en la olla: caliente, familiar y peligrosamente fácil de repetir.

Pon el agua a hervir en una olla grande y ralla el queso cheddar mientras se calienta. Cuando hierva, agrega tres cuartas partes de la sal y los macarrones. Cocina 1 minuto menos de lo indicado en el paquete, normalmente 7 a 9 minutos, hasta que estén firmes al morder pero sin centro duro. Escurre bien y no los enjuagues.
Mientras se cocina la pasta, derrite la mantequilla en una olla mediana a fuego medio-bajo. Agrega la harina
Convierte lo que encuentras en una experiencia que realmente puedes llevar a tu cocina.

Apaga el fuego de la salsa. Mezcla la mostaza, la pimienta y el resto de la sal, y añade el cheddar en tres tandas, removiendo hasta que cada una se derrita antes de agregar la siguiente. No vuelvas a hervir la salsa: debe quedar brillante, cremosa y completamente lisa. Incorpora los macarrones escurridos y mezcla 1 minuto, hasta cubrirlos por completo. ¡Y listo! Sirve al toque, mientras la salsa todavía fluye entre los macarrones y el cheddar hace exactamente lo que vino a hacer. 🧀