El dulzor profundo de la ciruela capturado en la pureza del pisco. Es un tributo a la paciencia y el tiempo: una esencia rubí para sobremesas cálidas, celebraciones y brindis lentos. Sofisticado, meloso y con la fuerza vibrante de nuestra tradición pisquera.

Lava las ciruelas, sécalas muy bien y retira tallos o partes golpeadas. Córtalas por la mitad y retira las pepas; la fruta debe entrar limpia, madura y sin agua en la superficie.
Coloca las ciruelas en un frasco de vidrio muy limpio. Agrega el azúcar rubia y la canela si la usas; mezcla suave para que la fruta empiece a soltar aroma sin romperse.
Vierte el pisco quebranta hasta cubrir por completo la fruta. Cierra el frasco y agita 10 segundos, solo para disolver parte del azúcar y acomodar todo.
Deja macerar en lugar fresco y oscuro por 14 días. Cada día, mueve el frasco con suavidad 5 segundos; no lo abras salvo que veas fruta fuera del líquido. Si aparece moho u olor raro, descártalo sin discutir.
Convierte lo que encuentras en una experiencia que realmente puedes llevar a tu cocina.

Cuela el macerado con malla fina y pásalo a un frasco limpio usando embudo. Sirve frío o a temperatura ambiente; debe verse rubí, oler a ciruela madura y terminar con golpe limpio de pisco.